Lejos de apartarse del foco para vivir el duelo en la intimidad, Flick ha optado por mantenerse al frente de sus hombres, una decisión que muchos interpretan como el último y más noble homenaje que puede rendirle a su padre: cumplir con su deber y buscar la gloria deportiva en su memoria.
Esta determinación ha insuflado un extra de motivación en una plantilla que ya no solo jugará por los tres puntos o por el trofeo liguero, sino por arropar a un líder que, en su momento de mayor oscuridad, ha decidido no abandonar el barco.

La respuesta institucional no se ha hecho esperar, y el Fútbol Club Barcelona ha emitido comunicados de apoyo incondicional, volcándose con su entrenador en un ejercicio de solidaridad que trasciende la rivalidad deportiva.
Se espera que el Camp Nou sea el escenario de un homenaje solemne, donde el habitual estruendo de la afición cederá el paso a un minuto de silencio que promete ser sobrecogedor.
Los jugadores lucirán brazaletes negros, un símbolo de luto que recordará a cada minuto que, por encima de la táctica y el marcador, hay sentimientos en juego.
Incluso el Real Madrid, eterno rival en el césped, ha demostrado una elegancia señorial al publicar un comunicado oficial lamentando el fallecimiento y enviando sus más sinceras condolencias, recordando que la humanidad siempre debe prevalecer sobre la competencia.

En el plano estrictamente deportivo, el equipo llega a este duelo decisivo con una convocatoria de 23 futbolistas marcada por ausencias de peso pero también por regresos esperanzadores.
La baja de Lamine Yamal, la joven perla que ha maravillado al mundo, supone un contratiempo táctico importante; una lesión muscular lo mantendrá alejado de los terrenos de juego hasta la próxima temporada, privando al Clásico de su desborde y magia.